Como doctor especializado en dolor crónico, recibo muchas referencias para ver pacientes que están tomando dosis elevadas de medicamentos para el dolor de espalda. Sin embargo, la solicitud de referencia de Lamont me llamó la atención. La nota en la referencia era de un doctor de practica de familia y leía: «¡Necesita ayuda con su morfina para el dolor de espalda! ¡Altas dosis de medicamentos! ¿Debería tomar más?»

Cuando conocí a Lamont, estaba a la mitad de sus cincuentas y vivía en el sótano de la casa de su madre. Su madre, una mujer dulce que parecía estar en sus 80s, lo había conducido a mi oficina. Lamont estaba desempleado y había estado en discapacidad desde que tenia 36 años. Había estado tomando 800 mg de morfina diariamente, y le había pedido a su doctor que le incrementara la dosis porque «ya no estaba funcionando».

Así es, 800 mg de morfina cada día. Y, ¡quería más!

La historia de Lamont

Cuando estaba trabajando como paisajista a finales de sus 20s, Lamont se cayó de una escalera y desarrolló dolor de espalda severo que alcanzaba a sus piernas. Trató terapia física, pero cuando eso «no funcionó», su doctor lo mandó a un cirujano. El cirujano le aseguró a Lamont que la cirugía lo sanaría «100%».Por lo que, Lamont se hizo remover y fusionar su disco bajo lumbar. Pero, cuando su dolor de espaldas persistió, su cirujano sugirió que Lamont evitara cirugía subsecuentemente y simplemente hiciera ejercicio.

Lo que sucede, es que Lamont realmente había estado ilusionado con estar «100% bien», por lo que decidió buscar la opinión de otro cirujano. El segundo cirujano ofreció «arreglar lo que el primer cirujano no había arreglado». El resultado de la segunda cirugía no fue bueno, Y Lamont pasó por una serie de cirugías, resultando en tener todos los niveles de las vertebras de la espalda baja o lumbar fusionados con trozos de hueso, tornillos y varillas. En total tuvo 7 cirugías.

El dolor de espalda de Lamont continuó, y luego se puso peor. Le prescribieron analgésicos, que funcionaron por un tiempo. Cuando volvió el dolor, incrementaron la dosis; y este ciclo de más dolor, y más medicamentos continuó por 20 años. Finalmente su doctor se cansó y decidió obtener una segunda opinión de un doctor especialista en dolor crónico: yo.

Durante nuestra primera consulta, Lamont me dijo que se sentía desgraciado con su vida. Luego me dijo que en una escala de dolor de 1-10 (sin dolor a dolor intolerable), su dolor era un 8. «Todo me duele», me dijo. No podía hacer más que vestirse, consumir las comidas que preparaba su madre, y ver televisión. Siempre estaba cansado, siempre estreñido, fumaba dos paquetes de cigarrillos al día, y no tenia amigos porque «Nadie entiende mi dolor».

Era claro que el dolor de espalda había estado dominando su vida, por la mayor parte de su vida.

Acerca del dolor de espalda

El dolor de espalda es algo la mayoría de nosotros vamos a experimentar por lo menos una vez en nuestra vida. Casi un 80% de la población estadounidense va a reportar por lo menos un episodio debilitante de dolor de espalda antes de los 50. Es una de las principales razones para las visitas medicas. El tratamiento para el dolor de espalda también es muy costoso; se estima que $50 billones de dólares son gastados en medicamentos y tratamientos. Esa cantidad o más se pierde en la reducción de productividad laboral anualmente, debido al dolor de espalda.

Afortunadamente para la mayoría de los que sufrimos de dolor de espalda, el dolor se resuelve de por sí mismo con el paso del tiempo, y podemos seguir con nuestras vidas. Pero, para algunas personas, el dolor nunca se va, forzándolos a requerir alguna combinación intimidante de inyecciones, medicamentos y cirugía; como Lamont.

Aquellas personas cuyo dolor no se resuelve de por sí, enfrentan la probabilidad muy real y desalentadora del dolor crónico de espalda por el resto de sus vidas. Ahora, tener «dolor crónico» no significa que cada uno de los minutos de la vida esté lleno de dolor; pero, si significa que , así como Lamont, el dolor domine su vida.

Como normalmente tratan el dolor de espalda

La medicina moderna aun está a un nivel cavernícola cuando del dolor de espalda se trata. La solución obvia es: arreglar el problema. Suena fácil, ¿no? Sin embargo, en realidad arreglar el problema es más difícil de lo que parece.

Uno de los mayores problemas con «arreglar» el dolor de espalda es que a menudo es difícil encontrar la fuente del dolor. Esto resulta ser un obstáculo para un 50-80% de los pacientes. Ahora, esto no significa que no hay excelentes estudios de radiología medica, o personas con las habilidades para interpretar estos estudios. Sin embargo, hay una tasa significativa de falta de relación con los tres factores siguientes: lo que reportan los pacientes, lo que el medico encuentra con su examinación, y lo que muestran los estudios de radiología. Los sorprendente es que, en aproximadamente un 40% de los casos, no hay correlación entre estos tres factores.

Déjame darte un ejemplo. El mes pasado, tuve un paciente que reportaba dolor crónico y severo en su pierna derecha después de hacer cualquier cantidad de actividad tal como caminar o estar parada. Un examen físico exhaustivo mostró hallazgos motores y sensoriales normales. Lo más extraño de todo esto es que un IRM de su espalda inferior mostró una hernia discal significativa y pinzamiento del nervio… de la raíz del nervio del lado izquierdo. Esto no hace ningún sentido fisiológicamente, pero, historias como esta son comunes.

Si suponemos que sí hay una relación con los tres factores (historia medica, examen del doctor, y radiología), entonces, ¿cuál es el próximo paso? A menudo, como doctores tratamos de hacer cosas sencillas como prescribir medicamentos o inyecciones antes de movernos a las opciones más complejas, tales como cirugía. Normalmente, el tratamiento es exitoso en reducir el dolor. Pero si el dolor sigue, entonces el paciente y el doctor necesitan tener una conversación larga acerca de otras opciones, así como los riesgos y ventajas de cada opción.

Otro problema con el tratamiento del dolor crónico es que muchos de los medicamentos que se utilizan para tratar el dolor son «anticuados». ¿Qué quiero decir con eso? Bueno, el supuesto «estándar de oro» de los medicamentos para aliviar el dolor es la morfina. Morfina. Una droga que es más de 200 años de antigua aun se considera nuestro estándar. Si, hay medicamentos para el dolor más nuevos disponibles y utilizados ampliamente, pero me da vergüenza admitir que los doctores del dolor somos los únicos especialistas médicos que utilizan un medicamento de los 1800s como nuestro estándar.

Ahora sabes por qué, al principio de esta sección, dije que la medicina moderna aun es cavernícola cuando del dolor de espalda se trata.

Presentemente tenemos otras opciones para añadirle como «reforzadores» a nuestros medicamentos para el dolor. Estos medicamentos incluyen medicamentos antiinflamatorios mejores, nuevos medicamentos estabilizantes de membranas (tales como los bloqueadores de sodio o calcio para el sistema nervioso central), y nuevos antidepresivos (la familia de los inhibidores de la recaptación de la serotonina-norepinefrina). Estos medicamentos todos pueden ser útiles en reducir la percepción del dolor, y mejorar la respuesta del cuerpo al dolor en general.

Los pacientes a menudo preguntan, «¿Porqué debemos utilizar múltiples medicamentos para tratar el dolor?» Mi respuesta es que nos gusta tratar de tratar el dolor con tantas formas como sea posible, para que no tengamos que utilizar dosis muy elevadas de cualquier medicina especifica. Es como una especie de enfoque de «en la unidad hay fuerza».

También podemos utilizar técnicas de mente-cuerpo más novedosas para controlar nuestra respuesta al dolor. Aunque el dolor obviamente no está solo «en tu cabeza», sí tiene que ser procesado en el cerebro. Y a veces, el cerebro puede volverse híper-reactivo al dolor y se desquicia en un frenesí. Utilizar métodos cognitivo-conductuales para calmar la mente pueden ser beneficioso y sanador.

Qué hacer acerca del dolor de espalda, Segunda parte, va a darnos más formas de tratar con el dolor de espalda, así como la conclusión a la historia de Lamont.


Acerca del autor

Norman Pang, MD

se graduó de la Universidad de Loma Linda en 1995. Él practica medicina de dolor crónico en Petaluma, California.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *