En una sociedad como la nuestra, orientada hacia los resultados, la felicidad generalmente es descartada como secundaria a las cosas más importantes en la vida tales como nuestras carreras profesionales, las relaciones interpersonales y la salud. Soluciona estas cosas y la felicidad te encontrará. Cuando somos niños aprendemos la canción que enseña que el efecto de ser felices y saberlo es… aplaudir. Genial.

¿Que tal si te dijera que la felicidad no solo está correlacionada, sino que es una causa determinante en el éxito de tu carrera, tus relaciones y tu salud? Es la verdad,1 la ciencia de hoy está demostrando que la felicidad no es solo el resultado de una vida exitosa sino más bien su causa.

Entonces, ¿cómo podemos ser felices? Normalmente las personas toman un atajo. La ruta más rápida e inmediata para satisfacerse a sí mismo: sea por medio de la música, la comida, el sexo, escalar el monte Everest, o el consumo de drogas. A menudo consideramos que las cosas que podemos hacer por nosotros mismos son nuestra fuente primaria de felicidad. Hemos sido criados hasta cierto punto con esta mentalidad, por lo que no debes ofenderte cuando te digo que este enfoque hacia la vida se llama «hedonismo egoísta».

La palabra hedonismo está derivada de la palabra griega para el placer, hēdonē. El diccionario define el hedonismo egoísta como «La teoría ética en la cual alcanzar la felicidad propia es la meta correcta de toda conducta».

Mientras que algunas personas podrían estarse preguntando si yo acabo de recriminar su egoísmo, otros podrían reconocer esa definición como un termino intelectual de su vida de universitarios. Esto es de poca importancia, la verdadera pregunta es: ¿hasta que punto exactamente aumenta nuestra felicidad este enfoque?

El problema con el hedonismo

Obviamente la música, la comida, escalar el monte Everest, y el sexo son partes necesarias de la vida (bueno, la mayoría de estas cosas son técnicamente opcionales). Tendemos a sentirnos bien cuando hacemos estas cosas, pero eso no es el problema. El problema surge cuando estas experiencias diarias son vistas como el medio primario que utilizamos para hacernos felices. Los científicos han descubierto que los humanos tienen lo que ellos llaman la «cinta rodante hedónica». Mientras más las personas buscan satisfacciones transitorias tales como comida, sexo, y música por complacerse a si mismos, terminan volviéndose indiferentes o hasta insatisfechos con esas mismas cosas que les daban felicidad.2 Por lo que, con un enfoque hedonista, lo que una vez fue placentero puede terminar volviéndose perturbador con el paso del tiempo.

Es así como el aparente atajo a la felicidad podría en realidad terminar causando un cortocircuito en tu cerebro hacia las experiencias insatisfactorias. En parte esto se debe a que el núcleo accumbens, la parte de tu cerebro que responde a la estimulación placentera, está ligado a la felicidad. Podríamos considerarlo como la «sede del placer» del cuerpo. Además es el mismo lugar en que los investigadores más a menudo asocian con el proceso de la drogadicción. Tiene el potencial de «normalizarse» hacia ciertos tipos de estímulos repetitivos por lo que sus señales se vuelven más y más débiles, requiriendo estímulos más fuertes para repetir las experiencias pasadas placenteras.

Pero no te preocupes, se feliz, lo bueno es que el hedonismo no es la única forma de estimular esta parte del cerebro. Hay otra ruta a la felicidad.

El reemplazo para el hedonismo

Sea que uno crea o no en la realidad de ella, la historia del jardín de Edén cosquilló mi núcleo accumbens cuando vi algo en la historia que nunca había visto antes. Tenemos la tendencia a creer que solo cuando algo es necio es que realmente resulta placentero. Como Eva comiendo el fruto prohibido.

Pero, felizmente estaba errado.

Inmediatamente después de que Dios crea a Adán, él lo pone en este jardín que llama Edén… lo cual es poco interesante, ¡hasta que te das cuenta que esa palabra significa «placer» en hebreo! Hablando metafóricamente y literalmente, Dios no pone a Adán donde tuviera que buscar egoístamente el placer, sino que más bien lo pone en medio del placer. Adán no podía entrar ahí el mismo, porque, de acuerdo a la historia, minutos antes, él simplemente era un terrón de barro esperando ser formado. El Creador luego procede a darle a Adán la comida perfecta, el trabajo perfecto, la esposa perfecta, y fines de semana libres; ¡cosas que (dependiendo de tus circunstancias) son suficientes para hacer que la mayoría de nosotros nos sintamos felices!

El caso es que este lugar llamado «placer» no era un parque de diversiones en el cual las personas tenían que buscar las cosas que les daban felicidad; sino que más bien era el lugar en donde veían que todo lo que los hacia felices ya les había sido dado. Y este es el punto, que ese proceso de dar no solo hacía que Adán y Eva fueran felices, ¡sino que Dios también era feliz!3

No quiero ponerme demasiado sentimental, pero eso es amor. En vez de ser felicidad lograda por lo que obtenían, Adán y Eva obtenían la felicidad al dar, exactamente lo opuesto al egoísmo hedonista. Uno podría decir que eso es muy bonito para un cuento religioso, pero, ¿qué dice la ciencia acerca de esta teoría? De hecho, la ciencia está diciendo mucho a su favor.

Los estudios ya han demostrado que cuando las personas tienen solo el pensamiento de dar a otros, sus niveles de felicidad incrementan.4 Otros estudios hasta han demostrado que cuando se le daba dinero a personas con la opción de gastarlo para sí o para otros, los que lo gastaban en otros eran consistentemente más felices que los que lo gastaban para sí mismos.

Toma eso, hedonismo, ¡el edenismo gana!

Pero no solo es esta información que es sorprendente. Cuando los propios investigadores empiezan a resultar con conclusiones sorprendentemente filosóficas, entonces es tiempo de prestar atención. En el estudio Harvard Grant, uno de los estudios más significativos sobre el efecto de la felicidad sobre las vidas de los hombres, el secreto de la felicidad fue resumido por el investigador principal así: «Los 75 años y veinte millones de dólares invertidos en el estudio Grant señalan a una conclusión sencilla de cinco palabras: La felicidad es el amor. Punto aparte».6

Realmente quede boquiabierto cuando leí que las conexiones sociales saludables son el mayor determinante en si vas a ser feliz o no.7 Tendemos a escuchar que la el camino a la felicidad es un viaje interno, pero parece que los datos están en desacuerdo. Tan sorprendente como parezca, la forma más segura y duradera para alcanzar la felicidad personal nos lleva por medio de las vidas de los demás.

Solo hemos tocado la superficie aquí, pero con los beneficios de la felicidad siendo tan amplios como para beneficiar nuestras carreras profesionales, nuestras relaciones y nuestra salud, la esperanza es que más personas empiecen a cambiar la vida de hedonismo por una vida de edenismo. ¿Quién sabe? De pronto la prescripción del doctor de mañana sea: «Ve y ayuda a dos personas y luego no me llames por la mañana… porque probablemente no vas a necesitar hacerlo».

Fuentes:

  1. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16351326
  2. Brickman & Campbell (1971). Hedonic relativism and planning the good society. New York: Academic Press. pp. 287–302.
  3. (Genesis 1:31)
  4. Harbaugh WT, Mayr U, Burghart DR. Neural responses to taxation and voluntary giving reveal motives for charitable donations. Science. 2007;316(5831):1622–1625
  5. http://greatergood.berkeley.edu/images/application_uploads/norton-spendingmoney.pdf
  6. http://www.feelguide.com/2013/04/29/75-years-in-th-making-harvard-just-released-its-epic-study-on-what-men-require-to-live-a-happy-life/
  7. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/11894851


Acerca del autor

Nwamiko Madden

es un joven amante de la diversión con un interés en la felicidad y como se puede obtener. También es músico y el cerebro tras el sitio web http://www.certainsound.org/

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