¿Qué será lo que trae verdadera alegría y satisfacción en la vida? ¿Será tener un buen trabajo o un carro nuevo? ¿Será pasar tiempo con la familia y amigos? Hay muchas personas que se sienten solas e insatisfechas aún en medio de sus posesiones materiales, amigos y familiares. Harto hemos escuchado hablar a los médicos acerca de la salud física y mental e incluso sobre nuestras relaciones sociales pero a menudo se pasa por alto o no se le da la debida importancia al efecto que la espiritualidad puede tener en la salud. No obstante, es necesario que mantengamos en equilibrio estas cuatro dimensiones (física, mental, social y espiritual) a fin de poder gozar de una vida tan gratificante como sea posible.

Así que, ¿cuánto puede influir la religión o la espiritualidad en la salud de una persona? ¿Será que, aparte de los beneficios netamente espirituales, al tener una conexión con un poder superior también recibimos beneficios para nuestra vida terrenal y física? Los seguidores de cualquier religión, a menudo, afirman que la fe cumple una función importante en su salud y bienestar.

Con frecuencia, los escépticos se burlan de la idea de que la fe pueda influir en la salud, argumentando que es la interacción social que la comunidad religiosa ofrece y no la religión o la creencia en sí, lo que aumenta el bienestar. Y no es que los grupos religiosos nieguen el efecto de pertenecer a una comunidad en sus vidas. De hecho muchos podrían decir que Dios hizo la religión para promover el sentido de hermandad. Cuando las personas se reúnen para celebrar su culto y orar, se convierte en una forma para satisfacer tanto sus necesidades espirituales como sociales.

Esa “relación fuerte y positiva entre la religión y el bienestar” parece no depender del número de personas que conforman cada comunidad espiritual. [1] Por ejemplo, los judíos muy religiosos son una minoría dentro de su comunidad étnica. Sin embargo, ellos experimentan los mismos beneficios en su salud al igual que los  judíos que pertenecen a grupos más grandes que son moderadamente religiosos o no religiosos. [2]

No obstante, no estamos hablando solo del bienestar social y mental porque realmente la fe también tiene un efecto positivo en nuestra vida física y en la longevidad. Las llamadas “zonas azules” son una designación geográfica dada a grupos de personas que han tenido periodos de vida excepcionalmente largos. Un factor común entre estas personas es la confianza en el poder divino. En el estudio, se entrevistó a muchas personas centenarias (personas con 100 o más años de edad), pertenecientes a estas ‘zonas’. Se descubrió que el 98 por ciento de los centenarios encuestados por los investigadores, pertenecían a algún tipo de comunidad religiosa. [3]  En realidad, el hecho de asistir a los servicios religiosos cada semana ha demostrado que prolonga la esperanza de vida de cuatro a catorce años más. [4]

Los estadounidenses que nunca asisten a la iglesia tienen 1.87 más probabilidades de morir que aquellos que asisten a los servicios religiosos más de una vez a la semana. Para alguien que tiene veinte años, esto equivale a una diferencia de siete años en su esperanza de vida. [5] La pregunta es: ¿cuánto tiene que ver esto con el estilo de vida de las personas y cuánto con su fe?

¿Cómo puede la fe prolongar la vida? Además del estilo de vida, ¿qué efectos médicos brinda la fe? Estas preguntas son especialmente relevantes ya que cuando la gente se enferma, sus creencias espirituales se vuelven más importantes. Ellas buscan apoyo y fortaleza en un poder superior. Un estudio mostró que el 77% de los pacientes quería que sus médicos consideraran sus necesidades espirituales y el 48% quería que sus médicos oraran con ellos. [6]
 

Las creencias espirituales no son un simple bastón de apoyo. Se ha documentado que ayudan de muchas maneras: “Los resultados de varios estudios indican que las personas con fuertes creencias religiosas y espirituales se recuperan más rápido de las cirugías, manifiestan menos ansiedad y sufren menos de depresión, tienen una menor presión arterial y enfrentan mejor las enfermedades crónicas tales como la artritis, diabetes, enfermedades del corazón, cáncer y lesión de la médula espinal”. [7]

Veamos algunos ejemplos documentados clínicamente sobre la relación de la fe y la curación. En un estudio realizado a 232 pacientes después de haber sido sometidos a una cirugía cardiaca, se halló que “aquellos que eran religiosos tenían tres veces menos la probabilidad de morir dentro de los 6 meses posteriores a la cirugía en comparación a aquellos que no lo eran.” [8] De hecho, ningún paciente de los que se describió como una persona profundamente religiosa murió. Además de esto, la investigación realizada en las unidades de cuidados coronarios (del corazón) sugiere que la oración intercesora produce beneficios. Los pacientes que recibieron oraciones en su favor, tuvieron menos complicaciones y se presentaron menos muertes en comparación a aquellos que no recibieron oración. [9]

También los estudios han demostrado que los pacientes con depresión que reciben tratamiento con una terapia religiosa, se recuperan más rápido que aquellos que son tratados con una terapia secular y cognitiva-conductual. Además, los pacientes que recibieron la terapia religiosa, mostraron niveles de depresión significativamente más bajos después del tratamiento. [10] Las personas con SIDA que manifestaron tener “fe en Dios, compasión hacia los demás, una sensación de paz interior y que eran religiosas, tuvieron una mejor probabilidad de vivir durante más tiempo que aquellos que no tenían tal conjunto de creencias”. [11]

Claramente vemos que la fe influye en nuestra vida y en nuestra salud de muchas maneras. Ella tiene un gran alcance y un profundo impacto, no solo en nuestro bienestar espiritual, sino también en nuestro bienestar físico, mental y social. Formar parte de una comunidad fundamentada en la fe es una pieza importante del rompecabezas que compone la longevidad. Si nunca lo has hecho antes, considera la posibilidad de entregarle tu vida a Dios. Mediante el ejercicio de la fe, podemos llegar a tener una vida más plena, equilibrada y tranquila.

 

[1] Newport, Frank, Dan Witters, and Sangeeta Agrawal. “In U.S., Very Religious Have Higher Well-being Across All Faiths.” Gallup-Healthways Well-Being Index, no. Jan. 2, 2010-Dec. 30, 2011 (February 16, 2012).

 

[2] Ibid.

[3] “Power 9.” Blue Zones (2012). 

[4] Ibid.

[5] Hummer, R A, R G Rogers, C B Nam, and C G Ellison. “Religious Involvement and U.S. Adult Mortality.” Demography 36, no. 2 (May 1999): 273–285.

[6] King, D E, and B Bushwick. “Beliefs and Attitudes of Hospital Inpatients About Faith Healing and Prayer.” The Journal of Family Practice 39, no. 4 (October 1994): 349–352.

[7] “Spirituality.” University of Maryland Medical Center. 

[8] Ibid.

[9] Ibid.

[10] Propst, L R, R Ostrom, P Watkins, T Dean, and D Mashburn. “Comparative Efficacy of Religious and Nonreligious Cognitive-behavioral Therapy for the Treatment of Clinical Depression in Religious Individuals.” Journal of Consulting and Clinical Psychology 60, no. 1 (February 1992): 94–103.

[11] “Spirituality.” University of Maryland Medical Center.


Acerca del autor

Jonathan Ewald

«Si el hombre piensa en su estado físico o moral él generalmente descubre que está enfermo.» - Johann Wolfgang von Goethe

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