La sostenibilidad realmente ha arrestado la atención del publico durante los últimos años. Hay varias razones por lo que esto ha sucedido y estas incluyen: las emisiones de gas invernadero, las toxinas en nuestros alimentos, el agotamiento de los recursos naturales, y el manejo de los desperdicios, para solo nombrar algunas. Muchos de estos problemas han existido por muchos años, pero en los últimos años específicamente ha habido un gran aumento de la consciencia publica sobre el tema.

Hoy en día no es raro ver carros híbridos en las carreteras o ventanas y electrodomésticos eficientes siendo vendidos en los almacenes. Tenemos productos de aseo más verdes, energía verde, empaques verdes, y… pues casi cualquier cosa que puedas imaginar. La meta de todo esto es la sostenibilidad. Esencialmente, si algo es sostenible, puede ser balanceado o mantenido a cierto nivel o ritmo. En relación al planeta, la sostenibilidad concierne la conservación de la habilidad del planeta de sostener la vida y el evitar el agotamiento de los recursos naturales.

Entonces, ¿qué tiene que ver la sostenibilidad con nuestra alimentación? Bueno, antes de abordar ese asunto, tomemos un vistazo a la forma en que nuestro sistema alimentario ha cambiado en los últimos siglos. Esto nos dará el fondo que necesitamos para entender el tema a un nivel más profundo:

Hace tan solo cien años atrás, la gran mayoría del mundo se dedicaba a la agricultura de subsistencia. Esto significa que la mayoría de familias cultivaban sus propios sembrados para proveer sus necesidades alimentarias (y la comida extra se vendía o se usaba en trueque). En lo que concernía la granja, todo funcionaba junto en una escala pequeña. Cualquier ganado que tenían los campesinos simplemente pastaba en los potreros o comía paja cultivada localmente. Por su parte, la boñiga podía utilizarse para fertilizar los cultivos. El exceso o la comida dañada también se compostaba y utilizaba como fertilizante. Los campesinos sembraban cultivos que la tierra podía sostener. Si no había mucho agua disponible, sembraban cultivos que solo necesitaban poco agua. Además, los agricultores utilizaban la rotación de cultivos o el barbecho para asegurar que los nutrientes del suelo no se acabaran y para controlar las pestes. Contrasta esto con la situación presente:

Hoy en día las granjas se han industrializado completamente. Drenamos nuestros ríos y represas para irrigar campos que de otra manera serian improductivos. La diversidad de los cultivos básicamente ha desaparecido. Tenemos estados completos que se dedican al cultivo de un solo producto agrícola. Un reciente articulo del New York Times bromeaba que la rotación de cultivos moderna, si es que se puede llamar eso, «consiste solo de maíz, soya, fertilizantes y pesticidas». Ni siquiera se le permite al ganado andar en los campos como se hacia anteriormente; hoy en día es más común encontrarlo hacinado en establos gigantes.

Pero esto es solo el principio… El sistema sencillo de cultivar nuestra propia comida, o comprarla a los agricultores locales casi ha dejado de existir en la sociedad occidental. Hoy en día un agricultor cultiva el maíz y lo vende a un campesino que se lo da a su ganado. El segundo campesino ordeña las vacas y le vende la leche a un fabricante de queso. Luego el fabricante de queso hace queso con la leche y envía el producto al otro lado del país (o del mundo) a un gigantesco centro de distribución. De allí, el queso viaja al supermercado local y eventualmente termina en el sándwich o la cacerola de alguien. Los sobrados muy probablemente terminan en la basura, la cual alguien tiene que coleccionar y botar en un relleno sanitario.

¿Se te dificulta ver porqué nuestro sistema alimentario moderno no es sostenible? Hay una desigualdad inmensa entre la cantidad de energía que se pone en la producción, empaquetado, y cocinar nuestros alimentos y la cantidad de energía que nos proveen cuando los consumimos. Este despilfarro de energía y recursos naturales no puede seguir indefinidamente. Si no lo solucionamos, nuestras vidas y sociedades van a sufrir consecuencias severas.

Cuando paramos a considerarlo puede ser un poco abrumador, y hasta deprimente, pero hay esperanza. Debemos recordar que todavía tenemos la opción de seguir una dieta sostenible dentro de un sistema insostenible. Podemos escoger lo que compramos. A diferencia de muchas otras cosas, la comida que comemos es algo que se encuentra bajo nuestro control inmediato. Cada vez que vamos al mercado a comprar alimentos estamos votando. Cada dólar que gastamos es como un voto. ¿Estamos votando por productos sostenibles o no?

En artículos futuros vamos a examinar los detalles específicos acerca de qué son las dietas sostenibles. Pero mas importantemente, vamos a enfocarnos en las formas en que podemos empezar a vivir y alimentarnos en una manera más sostenible. Esperamos que al entender la situación mejor, podamos empezar a cambiar y mejorar nuestras vidas y hábitos.


Acerca del autor

Jonathan Ewald

«Si el hombre piensa en su estado físico o moral él generalmente descubre que está enfermo.» - Johann Wolfgang von Goethe

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