El accidente automovilístico que presencié hace unos días me hizo reflexionar sobre la vida, mi actitud, y las cosas que no entendemos. He presenciado varios accidentes antes, pero nunca me habían sorprendido de manera particular: un automóvil que no paraba en la  luz roja, o un choque cuando un auto estaba echando reversa. Sin embargo, este accidente parecía insólito.  El viaje había sido como cualquier otro. El sol estaba brillando y habían muy pocas nubes en el cielo azul brillante. El jeep saltando violentamente sobre el camellón y quebrando un árbol de tamaño decente contrastaba fuertemente con la atmosfera tranquila y placentera alrededor. Me estremeció como pareció ocurrir sin razón, en un segmento de la carretera ocupada que afortunadamente se había desocupado por unos segundos.

Yo vivo cerca de un centro comercial grande. La carretera al frente del centro está dividida y tiene un camellón que contiene rocas, arboles y arbustos, hasta que se acerca a la próxima intersección. Un jeep pequeño aproximadamente 30 metros delante de mí entro en el carril de giro a la izquierda que entra en el camellón, pero el chofer no mermó su velocidad ni giró a la izquierda. Lo primero que llamó mi atención fue la nube de polvo que se disparó cuando el eje trasero se remontó sobre el camellón. En el mismo momento el jeep se chocó contra un árbol de buen tamaño. Al quebrarse la madera, parecía como si mi visión se hubiera tornado en cámara lenta: podía ver los detalles de cómo las astillas de madera estallaban del tronco. La combinación del camellón y el árbol causaron que el auto girara casi 180 grados al parar al otro lado del camellón. El árbol quebrado cayó, bloqueando dos carriles de trafico, y cubriendo mi vista del auto. Afortunadamente todo el trafico en ese lado de la carretera estaba parado en el semáforo siguiente.

Frené y navegué mi auto alrededor de las piedras de tamaño de toronja que habían caído en mi carril, preguntándome qué debería hacer. El único auto entre mí y el jeep paró en el próximo carril de giro, detrás del accidente. Mientras me acercaba lentamente, vi a un joven correr a través de la calle y abrir la puerta del chofer de un tirón.  El chofer era una mujer, probablemente de unos 50 años. Parecía estar asustada mientras jadeaba y agitaba sus brazos, probablemente tratando de alejar la bolsa de aire de sí. Observé en el espejo lateral como varios vehículos paraban y las personas corrían a ayudar; el semáforo se habría tornado verde. Los que pararon deben haber visto el accidente mientras estaban parados en el semáforo rojo.

Inicialmente consideré parquear mi auto y correr a ayudar. Sin embargo, ya había un par de personas allí y me di cuenta que no podría hacer mucho. Seguí manejando lentamente, observando en el espejo mientras esperaba voltear en el carril de la izquierda en el semáforo.

La luz cambió y una multitud de autos llegaron de mi derecha (la salida del centro comercial), volteando a la izquierda hacia la carretera donde el jeep estrellado y el árbol caído estaban. Debido a que los dos carriles izquierdos estaban boqueados, los automóviles se vieron forzados a moverse a la derecha rápidamente. Mire las caras de los choferes en el carril más a la izquierda. Desde su punto de vista, no podían ver el accidente que había ocurrido solo 30 metros delante de ellos. La expresión de enfado y molestia en la cara de una mujer me llamó la atención. Solo tendría que detenerse por un minuto mientras que otra mujer podría haber sido herida gravemente o hasta morir.

Tomando mi salida, seguí mi camino hacia la casa mientras reflexionaba sobre el incidente. ¿Cuan a menudo reaccionamos a las situaciones sin realmente entender las circunstancias? Me pregunté si la mujer enojada se sintió avergonzada cuando los autos al frente de ella se movieron y pudo ver el accidente. No la juzgo por su reacción. Muchas veces me he sentido avergonzado luego de reaccionar precipitadamente o juzgar a alguien prematuramente.

Al llegar a casa dije una oración por la salud y bienestar de la mujer. Durante la próxima hora reflexioné sobre la ironía de la situación que acababa de presenciar. ¿Alguna vez has notado que es más fácil mantener la calma y actuar racionalmente cuando ocurren cosas grandes? Recuerdo unas cuantas ocasiones cuando he tenido que darle a alguien noticias terribles o incomodas. Me llenaba de ansiedad y me sentía terrible, pero sus respuestas calmadas a la noticia me daban una especie de alivio. Es increíble ver como las personas evalúan la gravedad de la situación y entran en modo de resolver problemas. Pero también he notado lo mismo en mí. «¿Se varó el auto? Bueno, tenemos que mandarlo a reparar, creo que vamos a tener que cuidar nuestras finanzas durante los próximos meses.» No son las cosas grandes sino las pequeñas que tienden a perturbarme.

La vida parece ser una mezcla de lo trivial y lo inesperado. Cuando suceden cosas inesperadas, a menudo actuamos como la mujer enojada más de lo que nos gustaría admitirlo. En nuestras interacciones con los que nos rodean, juzgamos sin entender. En realidad, sabemos muy poco acerca de lo que esta sucediendo en las vidas de los que nos rodean.  Hasta nuestros allegados podrían estar cargados con dolores internos, y no nos daríamos cuenta.

Muchos grandes individuos han comentado sobre la «medida del hombre». Martin Luther King Jr. dijo que un hombre se mide «no cuando se encuentra en momentos de comodidad y conveniencia, sino cuando se encuentra en momentos de desafío y controversia». Platón dijo que la medida es «qué hace con el poder». Lord Kelvin (en honor de quien fue nombrada la medida de temperatura) creía que la medida es lo que el hombre haría «si supiera que nunca sería descubierto».

Aunque todas estas declaraciones son profundas, yo sugeriría otra medida. Yo creo que una persona puede ser medida por sus reacciones a las cosas pequeñas. No es fácil reaccionar suavemente cuando alguien es innecesariamente rudo (especialmente si nunca los volverás a ver). No es fácil amar a los que consistentemente nos irritan. Pero la forma en que reaccionamos en las situaciones diarias es la evidencia de nuestro verdadero carácter. Son la evidencia de la persona que realmente somos. Cuando soy medido por este estándar, me encuentro irremediablemente corto.

Todos deberíamos buscar cultivar un espíritu de comprensión y empatía hacia los que nos rodean, aunque no los conozcamos. La verdadera razón por la cual las pequeñas situaciones nos molestan es el egoísmo. Tendemos a actuar como si el mundo diera vueltas a nuestro alrededor y esperamos que todo resulte a nuestro placer. Sin embargo, la Biblia nos enseña que debemos ser humildes y valorar a los demás más que a nosotros mismos (Filipenses 2:3). Esto es algo que debemos pensar la próxima vez que alguien o algo nos moleste.


Acerca del autor

Jonathan Ewald

«Si el hombre piensa en su estado físico o moral él generalmente descubre que está enfermo.» - Johann Wolfgang von Goethe

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