La primera vez que tuve que llevar ambos de mis hijos conmigo a una cita medica juré que nunca iba a volver a hacerlo. Esperamos más de 30 minutos en la sala de examinaciones. Cuando finalmente entró el doctor mis hijos habían distribuido el contenido de los gabinetes de la mesa de examinación uniformemente en el piso, habían mandado rodando el taburete rodante golpeado la pared opuesta, desenrollaron el papel de cubrir la mesa de exámenes, y cantaron la canción del alfabeto múltiples veces a todo volumen. Cuando entró el doctor, empezó una pelea por quien se iba a sentar al lado de mamá. Luego, cuando estaba siendo examinada, ellos decidieron que sería un buen momento para rodar por el piso. Finalmente pude salir avergonzada, definitivamente en peor salud que cuando había entrado.

Dos semanas después, tuve una cita medica de seguimiento. La niñera que había conseguido tuvo que cancelar, mi esposo no podía sacar tiempo libre del trabajo, mi madre no podía venir a ayudarme, y una vez más me encontré en la diminuta sala de examinaciones con dos niños, tratando de entretenerlos por un periodo de tiempo indefinido. Sin embargo, esta vez ensayé una nueva táctica. Le di a cada uno un iPhone viejo. Yo y mi esposo habíamos actualizado teléfonos recientemente, y yo había guardado los teléfonos viejos debido a que no tenían valor de mercado. Decidí traerlos y ver si podrían usarse para entretener a los niños. No había instalado juegos en ninguno de ellos, pero tenia la esperanza que gozaran simplemente teniendo en sus manos un objeto previamente prohibido. Había descubierto la llave secreta. Los niños quedaron embelesados. De hecho, se quedaron obsesionados con los teléfonos por más de una hora, y ni siquiera pusieron cuidado cuando el doctor entró en el cuarto. Para cuando se terminó la cita, mis niños de dos y cuatro años se habían vuelto expertos de navegación de IPhone.

La AAP (Academia Americana de Pediatría) ha publicado una declaración muy fuerte acerca del tiempo en pantalla (o sea, televisión, juegos de video, teléfonos inteligentes, y tabletas). Ellos proponen que no haya tiempo de pantalla para los niños menores de 2 años y menos de 2 horas de tiempo de pantalla por día para los niños de 2 años y mayores.1 Más y más investigaciones están demostrando el daño potencial al desarrollo aún con los así llamados programas «educacionales». ¡Aún los complejos videos de «Baby Einstein» pueden reducir el vocabulario de 6-8 palabras por cada hora de televisión diaria!2 El tiempo de pantalla también puede ser dañino para los niños mayores y ha sido vinculado a la obesidad, reducción de actividad física, depresión, y ansiedad.3, 4

Con todas las investigaciones que muestran los efectos negativos del tiempo de pantalla, ¿cómo han reaccionado los padres? De acuerdo a un articulo del New York Times publicado hace apenas cinco años, a pesar de una década de investigaciones demostrando los efectos dañinos de los medios electrónicos, ¡más niños están utilizando las pantallas que anteriormente!5 La razón, como siempre, tiene que ver con muchos factores. Sin embargo, un componente prominente es el poder de «silenciar» que tales medios proveen. Yo misma lo he experimentado. En vez de tener que arrancar a mis hijos de las paredes en el consultorio de un doctor, ahora puedo entregarles un aparato multimedia, y ¡listo! Casi desaparecen mientras que felizmente juegan como si estuvieran en un trance.

Aunque suene muy agradable, el permitir que mis hijos escapen a un mundo de tecnología no les enseña habilidades de vida real tales como autocontrol, contentamiento, autoeficacia, o creatividad, para solo mencionar algunas. Tampoco estimulan la interacción con los demás. Los saludos son ignorados, los hermanos son olvidados, y los padres son relegados al rol de «técnico electrónico» en el cual su presencia solo es reconocida cuando un componente de un juego no funciona correctamente.

La promiscuidad de los medios hace que sea muy difícil limitarlos. A donde sea que vayas, mires, o visites, hay multimedia disponible. Además, por muchas de las mismas razones, le permite a las personas escapar de la situación presente (en la silla de espera del dentista esperando para un relleno, esperando para un cambio de aceite, volando en un avión, etc. Esto es muy preocupante, especialmente a la luz de nueva información que muestra los efectos negativos de los medios sobre los cerebros de los adultos: reducción de la concentración, la memoria, y puntaje en los exámenes. 6,7

Sabiendo que algo es dañino y cambiar nuestro comportamiento basado en este conocimiento son dos pasos diferentes. Por ejemplo, muchas personas saben que fumar no es bueno pero aún siguen fumando. Tiene que haber un enfoque sistemático para cambiar la cantidad de tiempo de pantalla a la que nosotros (y nuestros hijos) estamos expuestos. Uno de los primeros pasos sería analizar cuanto tiempo tu y tus hijos usan por día. Haz una lista de todos los aparatos electrónicos y luego haz una lista de cuantos minutos son gastados en cada aparato en un periodo de 24 horas. Haz esto por un par de días y calcula un promedio. Averigua cual aparato parece tener la mayor cantidad de tiempo de pantalla, y luego trata estrategias creativas para reemplazarlo con algo diferente. Una simple búsqueda de Google de «cómo limitar tiempo de pantalla» va a llevar a múltiples sitios web con ideas excelentes. Algunos ejemplos incluyen:

  • Eliminar los televisores de las alcobas de los niños (o de la casa)
  • Poner limites de tiempo en los aparatos
  • Involucrar a los niños en la cocina y las tareas hogareñas
  • Involucrar a los niños con deportes sacarlos a jugar al aire libre
  • Tomar más tiempo haciendo artes y manualidades
  • Prestarle más valor a las conversaciones durante las horas de comer y los viajes en automóvil
  • Dar buen ejemplo utilizando menos medios tú mismo.

Una cosa sencilla que he hecho es crear una bolsa de juguetes que cargo conmigo a varias citas. Esta bolsa tiene un par de libros divertidos, papel y crayolas, carritos de juguete, una muñeca, y algunos otros objetos diferentes con los que ellos les gusta jugar. Otra cosa que he empezado a hacer es contarles historias de cuando yo era una niña. Esto es muy popular; descubrí que esto los entretiene por horas y también les provee con una conexión al pasado.

Ya no temo las visitas medicas como antes y descubrí que no tengo que depender de los aparatos electrónicos para entretener a mis hijos. Con un poco de planeación espero criar niños calmados y libres de pantallas.

Fuentes:

  1. “Media and Children.” https://www.aap.org/en-us/advocacy-and-policy/aap-health-initiatives/Pages/Media-and-Children.aspx
  2. Park, Alice. “Baby Einsteins: Not So Smart After All.” Time. http://content.time.com/time/health/article/0,8599,1650352,00.html.
  3. Rosen, L. D., A. F. Lim, J. Felt, L. M. Carrier, N. A. Cheever, J. M. Lara-Ruiz, J. S. Mendoza, and J. Rokkum. “Media and Technology Use Predicts Ill-Being among Children, Preteens and Teenagers Independent of the Negative Health Impacts of Exercise and Eating Habits.” Computers in Human Behavior 35 (June 2014): 364–75. doi:10.1016/j.chb.2014.01.036.
  4. Maras, Danijela, Martine F. Flament, Marisa Murray, Annick Buchholz, Katherine A. Henderson, Nicole Obeid, and Gary S. Goldfield. “Screen Time Is Associated with Depression and Anxiety in Canadian Youth.” Preventive Medicine 73C (February 2, 2015): 133–38. doi:10.1016/j.ypmed.2015.01.029.
  5. Lewin, Tamar. “Screen Time Higher Than Ever for Children, Study Finds.” The New York Times, October 25, 2011.
  6. Maass, Asja, Klara Maria Klöpper, Friederike Michel, and Arnold Lohaus. “Does Media Use Have a Short-Term Impact on Cognitive Performance?” Journal of Media Psychology: Theories, Methods, and Applications 23, no. 2 (January 1, 2011): 65–76. doi:10.1027/1864-1105/a000038.
  7. Zavodny, Madeline. “Does Watching Television Rot Your Mind? Estimates of the Effect on Test Scores.” Economics of Education Review 25, no. 5 (October 2006): 565–73. doi:10.1016/j.econedurev.2005.08.003.


Acerca del autor

Rachel Nelson MD

se graduó de la Universidad de Loma Linda y completó una residencia pediátrica en la Universidad de California en Davis. Su pasión es ayudar a los niños a alcanzar su máximo potencial. Ella está casada con un cirujano de coloproctología con quien tiene dos niños: Amy y Michael. La doctora Nelson le gusta jugar afuera con sus niños, cuidar su huerta, y tocar música.

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