Cuando yo era niña, mi abuela se tomo la tarea de asegurarse que yo no fuera quisquillosa con la comida. Las quejas verbales eran respondidas con más de la misma comida (para hacerme practicar gustarme). La comida que no consumía volvía a aparecer en la próxima comida (para darme otra oportunidad de comerla.) Era un método extremo, y en ese entonces lo resentía muchísimo. Sin embargo, ahora gozo de un paladar ecléctico que aprecia una variedad de alimentos de alrededor del mundo.

Avanzando veinte años y ahora me enfrento con enseñarle a mis hijos quisquillosos a probar alimentos nuevos. Se me ocurría que el método de mi abuela había funcionado conmigo, por lo que no parecía una mala idea tratarlo con mis hijos. Por lo que, cuando mi hija de 9 meses escupía el relleno de salsa que le estaba dando, pacientemente volví a dárselo. Tenia toda la intención de hacer que le gustara, hasta que tornó de escupir a vomitar y de ahí a una reacción anafiláctica extrema. Ese primer ensayo fue un fracaso épico. Tomó aproximadamente un año para poder diferenciar qué comidas eran seguras para ella, y durante este tiempo ella se volvió una comensal muy quisquillosa.

Los bebes tienen muy pocas papilas gustativas. Esto es bueno debido a que la leche materna y la formula infantil a menudo son muy insípidas. (Yo se, porque durante mi residencia medica nos tocaba «probar el sabor» de una variedad de formulas infantiles. Sus sabores iban desde boñiga de vaca amarga hasta el sabor insípido del poliestireno.) La mayoría de padres empiezan a introducir alimentos sólidos entre los 4 y 6 meses. Las papilas gustativas todavía están inmaduras y el infante come ávidamente casi cualquier cosa que se le de. Adelantando de 6 a 10 meses, y las cosas no son tan fáciles. Repentinamente el infante bien comportado que le encantaban las arvejas se ha vuelto en el niño combativo que lanza sus arvejas una por una al piso de la cocina. Los padres se preguntan que ha sucedido. En realidad, nada raro ha sucedido. No solo han comenzado a madurar las papilas gustativas del infante, sino que el o ella está desarrollando más confianza e independencia. Esto los lleva a probar las aguas para ver que es y que no es comportamiento aceptable alrededor de la comida.

Entonces, ¿qué son algunas formas de navegar esta etapa de desarrollo y salir al otro lado con un niño que aún esté dispuesto a consumir una variedad de comidas? He aquí cinco consejos que pueden ser de ayuda.

  1. Permite que tu hijo coma solo a las horas de comida designadas. El comer meriendas o tomar jugos suprime el impulso del hambre. Este impulso del hambre es necesario para ayudar a los niños a QUERER probar alimentos nuevos.
  2. Sirve los alimentos en la forma más sencilla posible. Los niños pequeños prefieren alimentos que no han sido muy sazonados o revueltos con otros alimentos. A menudo prefieren la pasta sin salsa, la ensalada separada en sus componentes (sin aderezo), etc.
  3. Dales solo 1-2 pedazos pequeños del tamaño de un bocado de un alimento nuevo. Ofrece el alimento nuevo primero. Puedes hacer que comer otra comida dependa de el niño probar la comida nueva.
  4. Continua ofreciendo el alimento nuevo durante varias comidas (pero no fuerces al infante a nada más que probarlo).
  5. Si tu infante realmente esta restringiendo su dieta a solo 2-3 artículos de comida, consigue evaluación profesional. A menudo la auto-restricción o ser muy quisquilloso en realidad son la única señal de un problema medico subyacente (una alergia alimentaria, gastroenteritis eosinofílica, problemas en tragar, etc.)

Afortunadamente, mi hija a la edad de 5 años ha aprendido a expandir su repertorio de alimentos. Mi hijo lentamente está siguiendo su ejemplo. El ser quisquilloso puede ser frustrante, pero con persistencia paciente tu niño puede aprender a gozar de alimentos nuevos.


Acerca del autor

Rachel Nelson MD

se graduó de la Universidad de Loma Linda y completó una residencia pediátrica en la Universidad de California en Davis. Su pasión es ayudar a los niños a alcanzar su máximo potencial. Ella está casada con un cirujano de coloproctología con quien tiene dos niños: Amy y Michael. La doctora Nelson le gusta jugar afuera con sus niños, cuidar su huerta, y tocar música.

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