Yo crecí en un amante hogar cristiano adventista. Ambos de mis padres eran expertos acera de la comida saludable, debido a que eran dueños de una tienda naturista en Gardena, California que se llamaba Nature’s Garden (el jardín de la naturaleza). Mi madre a menudo hacía zumos de zanahoria, apio, y manzana. Ella nos daba almuerzos simples durante la escuela primaria que consistían de un sándwich con germinados en pan casero o pan pesado integral y una fruta. El tipo de fruta cambiaba a menudo, pero el sándwich siempre era el mismo. Yo miraba los almuerzos del resto de los niños. Estos contenían sándwiches hechos con pan blanco suave y procesado, una guarnición de papitas fritas, y las siempre populares galletas Oreo. Yo a menudo hacia trueque con mi manzana o banano por sus mercancías empacadas que yo creía que tenían más valor que mis almuerzos hogareños nutricionalmente balanceados.

Ahora sé que las grandes compañías alimentarias en realidad estaban haciéndome propaganda con sus productos empacados en colores brillantes, sus galletas atiborradas de azúcar, y sus papas fritas empacadas con grasa y cantidades de sal. Ellos querían reducir el valor de los almuerzos caseros que mi mama había preparado cuidadosamente. Dicho esto, por la mayor parte escapé la propaganda y los estratagemas de mercadeo de las grandes compañías gracias al fiel e incansable trabajo de mis padres. Mi mama continuó cocinando comidas saludables y balanceadas llenas de verduras, cereales y leguminosas, aunque gozábamos la ocasional indulgencia de un postre hogareño para una comida de sábado los fines de semana.

Moviéndome en el tiempo a la universidad, donde finalmente pude comer lo que pensaba que me había estado perdiendo cuando era niña… golosinas, papas fritas, postres, y hasta un root beer si me daban las ganas. Debido a que nunca había sido normal para mí comer todas estas cosas, aún seguía tomando decisiones alimentarias relativamente buenas, pero el exceso de grasa, azúcar y sal estaba presente diariamente y era utilizado para darme gustos después de un largo día de estudios.

Adelantándome en mi historia, y me casé con el hombre más dulce que pudieras conocer. Bryan creció en un maravilloso hogar cristiano y adventista con ambos padres, pero la indulgencia del helado, galletas y papitas era una ocurrencia semanal en su familia. Cuando nos casamos, yo sabia que a el le gustaban esas cosas por lo que mantenía la casa abastecida con las mismas. Las consumíamos juntos, y el peso empezó a subir. No supe cuanto porque mucha de mi ropa tenia una cintura elástica y tenia espacio para expansión. Un año y medio después de casarnos quedé embarazada con nuestra primera hija, y fue ahí donde la mayoría del peso llegó. Gané 70 libras durante este embarazo.

Adelantándome un poco, y nacen mi segunda y tercera hija. Había estado trabajando como terapista ocupacional antes, pero eventualmente decidimos educar nuestras hijas en casa, lo que significaba que iba a quedarme en casa. No había necesidad de comprar ropa bonita para encontrarme con el publico en mi trabajo. Me quedaba en casa, abrí nuestro negocio hogareño de cuidado residencial para ancianos y procedí a criar a nuestras hijas. Siempre le enseñe a mis hijas acerca de la nutrición apropiada y el ejercicio, pero se volvió claro mientras iban creciendo que no era lo que decía sino lo que hacia lo que hacia el mayor impacto. Cuando las cosas se volvían ajetreadas, yo conseguía lo que pensaba que era una alternativa vegetariana saludable para mis hijas (un burrito de frijoles de Del Taco) para su almuerzo. Algunos días, cuando quería ser bien «saludable», le decía a los empleados de Del Taco que no le pusieran queso. Pensaba que estaba siendo una «buena madre». Este concepto ahora me parece ridículo, sabiendo lo que sé acerca de la comida, nutrición, y los peligros secretos de la comida rápida, comida de restaurantes, y la mayoría de alimentos empaquetados.

Adquirí un mal habito de salir a comer en restaurantes con mi familia. Lo veía como una recompensa, tragándome la idea de que la comida de restaurantes debería ser más valorada que la comida hecha en casa. Las mismas grandes compañías alimentaras que le habían hecho competencia a mi madre varios años antes ahora estaban atacándome, pero esta vez funcionó. Una generación completa de niños estaba siendo convencida que la comida industrial era preferible a la comida hecha en casa.

Topé la balanza con 280 libras, pero estaba feliz. Tenia un esposo maravilloso que me amaba, y el nunca dijo nada acerca de mi peso. Le encantaba el hecho de que yo era una buena madre a nuestras hijas y había empezado un buen negocio para nuestra familia. Todo estaba bien, me había convencido que en realidad no estaba tan gorda. En mi cultura afroamericana, las curvas son celebradas sobre ser delgado. Utilizamos términos tales como «gruesa» en vez de sobrepeso y obesa. Me di cuenta de que hay más restaurantes de comida rápida que tiendas de abarrotes en la mayoría de comunidades de minorías raciales. No había LA Fitness, Gold’s Gym o Fitness 19 (gimnasios) donde crecí en Compton, California. No habían parques acuáticos, piscinas, o canchas de tenis para ofrecer la variedad de actividades enfocadas en el ejercicio que hubieran sido muy importantes en nuestra búsqueda de salud optima… solo había muchas clases de comida insalubre.

Por lo que, siendo un adulto, realmente tuve que cambiar mi mentalidad hacia el ejercicio, porque no estaba rodeada por una comunidad donde veías gente trotando y montando bicicleta para divertirse (si montaban bicicleta era porque no tenían automóvil). Bueno, retiro esto, porque mi papa valoraba el ejercicio y compró una bicicleta de ejercicio y una maquina de correr después de ser diagnosticado con diabetes. Debido a su condición, era importante que hiciera ejercicio, pero aún no tenia las facilidades en el pueblo para apoyar esta decisión.

El año pasado, cuando estaba llevando a mi hija a la universidad, abordamos el avión y no podía abrochar el cinturón de seguridad. Yo estaba determinada a no avergonzarme pidiendo un extensor de cinturón de seguridad por lo que volé a Tennessee sin cinturón de seguridad. Cuando volvimos a casa, llevamos a mi segunda hija a celebrar su cumpleaños de los 15 en Knott’s Berry Farm (un parque de diversiones). Mientras estábamos allí, mi hija menor me convenció de montarme en una montaña rusa con ella. Lo hice… pero el cinturón no abrochaba. Rápidamente alerté al asistente de mi situación y él abrochó el cinturón y tiró el arnés de seguridad sobre mis hombros y arrancamos. Creerías que estos dos incidentes me hubieran iluminado, pero todavía estaba negándolo.

Mi negación continuó hasta que estaba en una comida con mi familia donde mi hermano, que resulta que es un cardiólogo general me mostró un video viejo en donde yo le decía a mi papa que ya falleció que iba a perder peso. Reconocí que el video tenia como 13 años y que yo había estado diciendo que iba a perder peso por mucho tiempo. Comencé a observar las personas a mi alrededor. Observe mi residencia de ancianos, observe personas obesas, enfermas, e infelices en los supermercados, y me pregunté: «¿Es esto lo que quiero para mí misma?» «¿Es esta la vida que Dios destinó para mí?» Había pensado que tener sobrepeso simplemente era como yo estaba supuesta a ser… pero Dios me ha liberado de la esclavitud de la obesidad.

Así como nuestra relación con Dios, que debemos desarrollar y nutrir diariamente, la decisión de practicar los hábitos de la salud debe ser una decisión diaria. Estos son los hábitos que van a apoyar la vida que quieres vivir.

Tuve que tomar la decisión de aprender como cuidar de mi cuerpo y poner estas cosas en practica aunque no viera los resultados. Es muy importante recordar esto, porque las personas con sobrepeso quieren ver resultados inmediatamente, y si no los ven, dicen, «Más bien voy a comer lo que quiero, porque no parece afectarme». La clave es aprender qué es lo que produce perdida de grasa y qué produce el almacenamiento de la grasa. Perder peso no solo concierne la dieta y el ejercicio, aunque estas cosas son muy importantes. Perder peso también tiene que ver con el sueño, el manejo del estrés, el agua, y el tener un buen sistema de apoyo. Debes rodearte de personas positivas que piensen como tu, y a menudo esto es la parte mas difícil para muchas personas. No debes dejar que tus niveles de azúcar sanguíneo se caigan ni tener muchas fluctuaciones en tus niveles de insulina, es aquí que entran a jugar las ansias por cosas insalubres. Es muy importante consumir comidas con control de porciones, bajos niveles glicémicos y bajas en grasa así como evitar picar entre comidas.

Yo perdí 100 libras en un año y siento que he renacido (físicamente). ¿Qué fue lo que finalmente hizo la conexión? ¿Cómo hice esto después de ser mórbidamente obesa por 19 años (desde el nacimiento de nuestra primera hija)? He observado las personas en el show The Biggest Loser, y siempre deseaba hacer un cambio. Yo pensaba que lo había escuchado todo y que yo sabia que había que hacer, pero que simplemente necesitaba hacerlo. Pero perder peso tiene que ver menos con la fuerza de la voluntad y más con crear hábitos saludables que apoyan el resultado que deseas. Perder peso tiene que ver con volverte más consciente de lo que estas haciendo y el porqué. ¿Estás comiendo esas papas porque estas cansado, frustrado, triste o alegre? Tuve que entender los efectos de la grasa, el azúcar y la sal sobre mi cuerpo. Me di cuenta que no toma mucho de esta peligrosa combinación para ponerte en modulo de almacenar grasa. Tenia que entender que beber la mitad de tu peso corporal en agua era importante y que el efecto del sueño sobre la perdida de peso es inmenso por su conexión a nuestras hormonas. Ahora entiendo que mientras más alimentos atiborrados de azúcar (pastas procesadas, panes, papas blancas, quesos y otras grasas) consumas, más riesgo corres de complicaciones de salud tales como enfermedad cardiaca, hipertensión, y diabetes.

El ejemplo que ahora le estoy dando a mis hijas es el ejemplo que mi mama me dio. Estoy viviendo el estilo de vida saludable y cosechando los beneficios en vez de simplemente hablar al respecto. Si no tienes un sistema de apoyo, y necesitas uno, siéntete libre de mandarme un mensaje por Facebook y estaré alegre de ayudarte. Y recuerda que con Dios todo es posible.


Acerca del autor

Jonathan Ewald

«Si el hombre piensa en su estado físico o moral él generalmente descubre que está enfermo.» - Johann Wolfgang von Goethe

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