Hoy mi hijo llegó a almorzar determinado a no comer lo que había cocinado. No quería probar sus frijoles, picó el arroz, y absolutamente rehusó hasta tocar sus zanahorias. «Mama, quiero cereal.» «No quiero comer esto». Después de discutir, sobornar, y amenazar, su comida siguió sin ser tocada.

Los pequeños comen cuando tienen hambre, lo cual es bueno, debido a que las formulas y hasta la leche de seno no son las substancias más sabrosas que existen. Sin embargo, los infantes, al crecer, repentinamente descubren sus papilas gustativas. La comida toma un nuevo significado, de placer, en vez de ser solo por necesidad, y comienzan las luchas sobre la comida.

Al igual que muchos adultos, el infante no juzga su comida por sus calidades nutricionales, sino que más bien decide si se la ha de comer basado en la textura y el sabor. El darle a tu niño de dos años una buena charla acerca de porqué comer habichuelas los ayudará a crecer más fuertes no es más efectivo que explicarle a tu perro porqué no lo dejas comerse la comida del gato.

En medio de estas luchas, he aquí algunos consejos que descubrí:

  • Asegúrate que los horarios de comidas sean regulares. Los cuerpos de los niños necesitan consistencia para desarrollar un sentido de hambre. Es importante que tu niño aprenda a comer debido al hambre y no solo por placer. Muchos trastornos alimenticios ocurren cuando las personas se fuerzan a comer aunque no tengan hambre porque la comida se ve «buena». Si tienes las comidas durante horas consistentes, tu niño comenzará a desarrollar un sentido del hambre que coincide con esas horas de comer.
  • Evita los bocadillos. Los bocadillos entre las comidas regulares disminuyen el hambre en los niños. Si se reduce el hambre, no tienen nada que los motive a comer excepto el sabor/placer. Por lo que probablemente no van a querer consumir nada nuevo, y probablemente tengan menos probabilidad de comer alimentos saludables. (¿Puedes ver como este consejo va con el consejo anterior?)
  • Evita los jugos o bebidas azucaradas entre comidas. El jugo puede causar tanto falta de ganar peso como obesidad. En los niños pequeños, el jugo suprime fuertemente el apetito/hambre y así previene que los niños consuman las calorías que necesitan. En los niños mayores (que han aprendido a comer aunque no tengan hambre), el jugo contribuye calorías vacías que pueden conducir a la ganancia de peso no deseada. Recuerda, el jugo consiste mayormente de azúcar y en realidad es una bebida alta en calorías.
  • No fuerces al niño a terminar su plato. La practica de comer todo lo que esté en el plato aunque estés lleno promueve los trastornos alimentarios. Es importante que tus niños aprendan a escuchar las señales que da el cuerpo. Cuando el estomago empieza a sentirse lleno, permite que el niño deje de comer.
  • Sirve siempre los alimentos nuevos primero, antes de servir los alimentos conocidos. Los niños tendrán mucha más motivación de ensayar alimentos nuevos cuando tienen hambre que cuando están llenos.
  • Ensaya la regla de los tres bocados. Si estoy introduciendo un alimento nuevo, hago que mis niños tomen por lo menos tres bocados del nuevo alimento. Si después del tercer bocado no les gusta el alimento, no los fuerzo a que sigan consumiéndolo.
  • Ayuda extra. Si tu niño no esta ganando peso normalmente, tira rabietas durante todas las comidas, tiene dificultades consumiendo ciertas comidas o texturas, o tiene alguna otra cosa que crees que está afectando una nutrición adecuada, busca ayuda profesional inmediatamente. Hay infantes que tienen trastornos alimentarios reales. Si se detecta temprano, puede ser corregido. El esperar puede llevar a trastornos de la conducta alimentaria de largo plazo.

Entonces, ¿cómo terminó el problema con mi hijo? Después de estar sentado durante toda la comida y rehusar comer hasta un bocado de la comida nueva, dejé que se fuera de la mesa sin comer nada. Puse su comida en un recipiente plástico y le dije que lo iba a almacenar en el frigorífico hasta la próxima comida. Una hora después, él comenzó a quejarse de que tenia hambre. Le recordé que se le había ofrecido almuerzo y que no habría comida hasta la hora de la cena que sería en dos horas. El pronto se distrajo con su tren de juguete.

Unas horas después, cuando se sirvió la cena, mi hijo alegremente se comió su arroz y frijoles sin quejas. Luego tomó tres bocados de zanahoria y anunció que todavía no le gustaba. No lo forcé a terminarla. Cuando termino sus frijoles y arroz volvió a pedir cereal y alegremente cumplí con su deseo. Él terminó su comida con un tazón de Cheerios.


Acerca del autor

Rachel Nelson MD

se graduó de la Universidad de Loma Linda y completó una residencia pediátrica en la Universidad de California en Davis. Su pasión es ayudar a los niños a alcanzar su máximo potencial. Ella está casada con un cirujano de coloproctología con quien tiene dos niños: Amy y Michael. La doctora Nelson le gusta jugar afuera con sus niños, cuidar su huerta, y tocar música.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *