¿Cuánto es demasiado? Los americanos ahora gastamos la mitad de nuestro tiempo libre al frente del televisor. Un 99% de nosotros tenemos por lo menos un televisor; ¡más que neveras o agua corriente! ¿Cuál es el efecto de la exposición excesiva a la televisión y los videojuegos? ¿Será un pasatiempo inofensivo o un problema pernicioso? Las estadísticas cuentan la historia.

Televisión

En una vida de 65 años, la persona promedio pasa nueve años mirando la televisión, suficiente tiempo como para obtener dos títulos universitarios.1 Los niños americanos en promedio pasan más tiempo observando la televisión que en otra actividad además de dormir.2 La psicóloga Jane Healy nota: «Entre las edades de tres y cinco; la cumbre del periodo critico de desarrollo cognitivo del cerebro, los cálculos ponen la cantidad de tiempo de ver televisión del niño promedio alrededor de 28 horas a la semana… aproximadamente seis veces más que las horas pasadas haciendo tareas.»3 Cuando se combina la televisión con los videojuegos, muchos adolescentes están pasando de 35 a 55 horas al frente del televisor o la estación de videojuegos semanalmente.4

Un famoso presentador de noticias pregunta: «¿Cuándo antes en la historia humana ha sucedido que una cantidad tan grande de la humanidad haya rendido colectivamente tanto de su tiempo libre a un juguete, una diversión masiva?»5

Obviamente el mirar la televisión se ha convertido en una actividad de ocio muy generalizada. Pero tiene más probabilidades cuando se compara con otras actividades de dejar a las personas pasivas, tensas, sin la habilidad de concentrarse,6 y a menudo más malhumoradas que antes.7 La televisión también puede tener un efecto hipnótico y posiblemente adictivo sobre el cerebro.

No toda la televisión es mala. Hay buenos programas acerca de ciencias, historia, naturaleza, religión, y arte. Tales programas proveen diversión y pueden estimular interés en una nueva área de estudio. Pero mientras que el aprendizaje superior sucede a través del esfuerzo mental activo, la televisión es generalmente una experiencia pasiva.

El neuropsiquiatra Jeff Victoroff nota: «Las respuestas activas a los desafíos cognitivos son incuestionablemente las que encienden nuestras neuronas adultas [mientras que] las experiencias pasivas hacen poco por el cerebro adulto. Para mantener el aprendizaje y el crecimiento del cerebro, necesitamos generar respuestas activas a los desafíos cognitivos.»8

Los cerebros infantiles son especialmente propensos a la habilidad que tiene la televisión de alterar las funciones cerebrales. En el aprendizaje, la televisión no puede competir con los libros, la interacción humana, y la experiencia de la vida real.

Por cada hora de televisión que ven los niños de edad preescolar hay un riesgo de 10% de incremento en tener dificultades en la concentración, intranquilidad, impulsividad y el confundirse fácilmente.9

La violencia en los medios

El investigador Antonio Domasio descubrió que la exposición frecuente al material violento entumece las emociones. Él escribe: «En las noticias, las cosas se muestran una tras otra. No importa cuan espantosas sean, estas imágenes se muestran tan brevemente que no tenemos tiempo de sentir emocionalmente el horror de un evento particular.»10 El peligro de tal introducción de alta velocidad es que «habrá más y más cantidad de personas que tendrán que depender solamente en su sistema cognitivo, sin utilizar su memoria emocional, para poder decidir entre qué es bueno y qué es malo. Se les puede decir acerca del bien y el mal, pero puede ser que el bien y el mal no sea recordado.»11

Robert MacNeil ha descrito muy bien el efecto mesmerizante de la televisión: «El problema con la televisión es que disuade de la concentración. Casi cualquier cosa interesante y provechosa en la vida requiere algún esfuerzo constante y aplicado consistentemente, Pero la televisión nos anima a no poner ningún esfuerzo.»12

Videojuegos

Los videojuegos presentan otro grupo de desafíos. Del 60% de los norteamericanos que usan videojuegos, un 61% son adultos, casi la mitad son mujeres, y la edad promedio es de 28 años.13

Tales juegos son un arma de doble filo. Pueden ser entretenidos y proveer una diversión ocasional. En contraste con la televisión, los juegos de televisión interactivos requieren que los jugadores participen y desarrollen habilidades estratégicas. Pero un numero alarmante de juegos son violentos y pornográficos. El psiquiatra Richard Winter señala que «la tecnología parece actuar como un amplificador gigante de ambos aspectos del mundo: todo lo que es maravilloso y bueno y todo lo que es terrible y malvado.»14

Los videojuegos a menudo utilizan una mezcla de novedad, recompensa, violencia y sexo para mantener la atención de sus jugadores, atrayéndolos a que gasten horas alcanzando metas artificiales.

David Grossman es un psicólogo militar que ha pasado varios años estudiando métodos para entrenar los reclutas militares para superar las inhibiciones naturales hacia el matar [seres humanos]. «Más que cualquier otro aspecto de estos nuevos videojuegos,» escribe Grossman, «es la precisión de la simulación; la carnicería, la sangre, las tripas; que es tan avanzada… La simulación parece menos falsa, y por lo tanto más efectiva.»15

«Pero solo es un juego», dicen algunas personas. El doctor Grossman se refiere a tales juegos como «simuladores de matar» que enseñan respuestas condicionadas para matar, así como los simuladores que les enseñan a los astronautas como volar hasta la luna sin abandonar la tierra.

En conclusión

Los efectos de la televisión no solo son mentales. Numerosos estudios han demostrado una relación directa entre las horas gastadas viendo televisión y las libras de sobrepeso.16,17 Los televidentes también tienen más riesgos de tener factores incrementados de enfermedad cardíaca tales como hipertensión.18 ¿Porqué? Los televidentes tienen menos probabilidad de obtener el ejercicio físico necesario y tienen más probabilidad de responder a las propagandas de alimentos chatarra y bebidas insalubres.

Además, mientras menos actividad física se tiene, más difícil se vuelve el controlar el apetito.19

Una de las mejores formas de quebrar la adicción a la televisión es resolver que el ser un espectador de la vida es más doloroso que tomar parte en actividades útiles. El control de la televisión sobre el cerebro puede quebrarse; los placeres de la vida real pueden sobrepasar la simulación vacía de vivir en un mundo de fantasía.

Fuimos hechos para gozar la vida, experimentar el placer, tomar parte en actividad física, aprender nuevas formas de enfrentar los desafíos, desarrollar nuestras facultades mentales, y formar relaciones significativas. Podemos aprender a hacerle frente a la vida, gozar de las rutinas diarias, alcanzar nuevos éxitos, y desarrollar vínculos sociales significativos. Esto no puede lograrse por vía de satélite, sino tomando parte en el aprendizaje activo y en las relaciones genuinas.

 

 

Escrito por Vicki Griffin, MS Human Nutr, MPA, MACN

www.lifestylematters.com

​Photo By: clickykbd

 

Fuentes:

  1. Statistics from A.C. Nielsen Co, cited on www.csun.edu and www.televisionturnoff.org.
  2. Television in the home: the 1997 Annenberg Survey of Parents and Children. The Annenberg Public Policy Center of the University of Pennsylvania, June 9, 1997.
  3. Healy J. Endangered Minds: Why Children Don’t Think and What We Can Do About It. (New York, NY: Simon and Schuster, 1999) p. 196.
  4. Children, adolescents, and the media in the 21st century. Strasburger V, Donnerstein F. Adolesc Med 2000:11(1)51-68.
  5. MacNeil R. The trouble with television. Essay. (Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall, 1989) p. 2.
  6. Kubey R Csikszentmihalyi M. Television and the Quality of Life: How Viewing Shapes Everyday Experience. (Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum Assoc, 1990).
  7. Ibid.
  8. Victoroff J. Saving Your Brain. (New York, NY: Bantam Books, 2002).
  9. Early television exposure and subsequent attentional problems in children. Christakis D, et al. Pediatrics 2004:113(4)708-13.
  10. Ibid.
  11. Ibid.
  12. MacNeil R. The trouble with television. Essay. (Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall, 1989) p. 1.
  13. Console wars. The Economist, June 2002.
  14. Winter R. Still Bored in a Culture of Entertainment. (Downer’s Grove, IL: Inter Varsity Press, 2002) p. 52.
  15. Grossman D. Stop Teaching Our Kids to Kill. (New York, NY: Crown Publishers, 1999) p. 66.
  16. Television viewing as a cause of increasing obesity among children in the United States, 1986-1990. Gortmaker S, et al. Arch Pediatr Adolesc Med 1996:150:357-362.
  17. Relationship of physical activity and television watching with body weight and level of fatness among children. Anderson R, et al. JAMA 1998:279(12)959-60.
  18. Television viewing and cardiovascular risk factors in young adults: the CARDIA study. Sidney S, et al. Ann Epidemiol 1996 Mar:6(2)154-9.
  19. Shell E. The Hungry Gene (New York, NY: Atlantic Monthly Press, 2002) p. 170.


Acerca del autor

Vicki Griffin MPA, MACN

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